miércoles, 7 de septiembre de 2016

Crítica de 'Juego de armas': Poco original visión sobre el tráfico de armas

Las críticas de Óscar M.: Juego de armas

Crítica de 'Juego de armas': Poco original visión sobre el tráfico de armas

La nueva película de Todd Phillips llamada Juego de armas (tal vez un juego de palabras con el nombre la actriz Ana de Armas y obviando la traducción del título original, Perros de la guerra) trata sobre la historia real de cómo dos veinteañeros consiguieron un contrato millonario de venta de armas estafando al gobierno de los Estados Unidos.

Como la mayoría de películas basadas en hechos reales, en esta también se abusa de la voz en off y de las escenas encadenadas donde se acumulan hechos relevantes para la historia sin la menor interconexión entre ellas. Los inexplicables insertos negros con frases grandilocuentes lo único que hacen es ralentizar la trama, cuando "teóricamente" están hechos para segmentar la historia y hacer avanzar el argumento, pero la poca justificación de su necesidad hace que se tache de pretencioso a este recurso narrativo que aparece bien avanzada la película.

Además, Juegos de guerra parece haber cogido el guión de Dolor y dinero, La gran estafa americana El lobo de Wall street y, simplemente, cambiado el entorno en el que se produce el engaño. A pesar de la previsible evolución de la historia (y de que los personajes son totalmente impasibles a los acontecimientos), el momento central y culminante de la película (la trama de Bagdad) se mantiene intacto, aunque sin la emoción o el misterio deseado. Phillips (conocido por dirigir la trilogía iniciada con Resacón en Las Vegas) no consigue transmitir ninguna emoción con su dirección y se aprecia cierto desinterés o hastío por la historia.

El guión de la película ha ido a lo cómodo, con un argumento esquemático, poco sorprendente para el espectador y que se limita a repetir la misma fórmula de las anteriormente citadas (incluyendo el consumo de drogas y la presencia constante de billetes de dólares), dejando una película correcta, pero nada original. Es más, las tres nombradas con anterioridad tenían un componente cómico que aquí no se termina de explorar y quizás es el mayor error de la adaptación: tomarse la propia historia demasiado en serio.

De hecho, Jonah Hill repite prácticamente el mismo papel que en El lobo de Wall street, pero de manera (aún) más histriónica, con 20 kilos más y un falso bronceado que hace a su personaje aún más detestable (por si no había suficiente con su horrible risa). Miles Teller tampoco se libra de una interpretación poco destacable, con un personaje completamente plano que no consigue atraer al espectador ni encontrar su simpatía. Y de Bradley Cooper con conjuntivitis sólo puede decirse que ha repetido la jugada de Brad Pitt en 12 años de esclavitud: como es el productor, se reserva un pequeño (pero relevante) papel.

La única que sale bien parada es la bellísima Ana de Armas, que nos deleita con una dicción más que correcta (ya quisieran muchas "actrices" españolas tener la mitad de su capacidad verbal después de los años que llevan "trabajando" en Estados Unidos) y una interpretación elegante, natural y muy recordable.

El uso de canciones reconocibles por el público en la banda sonora es otra constante que también repite de películas precedentes con argumentos similares, algo que puede animar al espectador a continuar visualizando una historia de la que prácticamente conoce el final casi desde el principio y que depara pocas sorpresas argumentales.

Juegos de guerra es un nuevo ejemplo de cómo dejar al gobierno y a la población americana en ridículo y sólo por ello merece la pena su visionario, y, aunque sea menos entretenida o divertida que las películas precedentes, no se hace tediosa o pesada, aunque sí debería haberse potenciado más el aspecto cómico.

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