viernes, 12 de agosto de 2016

Crítica de 'Black': Mucho más que una historia de amor con un realismo descarnado

Las críticas de David Pérez "Davicine": Black

Crítica de 'Black': Historia de amor con un realismo descarnado

No son pocas las adaptaciones y versiones de "Romeo y Julieta" de William Shakespeare que han visto la luz en forma de largometraje, y aunque Black, de Adil El Arbi y Bilall Fallah, es una adaptación de las exitosas novelas juveniles de Dirk Bracke "Back" y "Black", es claramente una historia inspirada en el romance prohibido entre jóvenes pertenecientes a dos familias muy distintas, en este caso a dos bandas callejeras rivales.

Tras su premiere internacional en la Sección Oficial del Festival de Cine de Toronto, donde se alzó con el premio Discovery, y varios galardones más como el premio del público en el Festival de Cine de Gante, queda patente que no estamos ante una mera historia de amor capaz de enamorar a la crítica, sino que hay mucho más detrás, sobre todo un gran mensaje y una puesta en escena dura y áspera como nunca se ha visto en este tipo de historias.

Black nos muestra una historia de amor prohibido en las calles de Bruselas protagonizada por una joven africana de quince años y un chico marroquí de diecisiete, miembros de bandas callejeras rivales. Mavela, una adolescente de 15 años, nunca conseguía encajar, hasta que entra en los Black Bronx, una conocida banda de jóvenes africanos. Allí se siente como en casa, es aceptada y, por primera vez, siente que está donde debe estar. Pero pronto aprenderá que ser parte de los Black Bronx es para siempre y una vez que se entra no se puede salir. Hasta que un buen día conoce a Marwan, marroquí y miembro de los 1080, una banda adolescente rival de los Black Bronx. Desde su primer encuentro, Mavela y Marwan saben que están hechos el uno para el otro. Pero una chica de los Black Bronx no puede salir con alguien fuera de la banda, por lo que la pareja se ve obligada a esconderse y verse en secreto. Pronto serán descubiertos y nada saldrá según lo previsto.

Si algo destaca en Black es la sensación de ver de cerca la cruda realidad de las bandas callejeras, y es que los directores Adil El Arbi y Bilall Fallah se han documentado con horas y horas de patrullas policiales, investigando y acercándose a las casi 40 bandas que existen en la ciudad, para ofrecer una historia contemporánea con un electrizante ritmo, tanto visual como sonoramente. Mientras que tanto Black como Girlhood exploran el papel de los roles femeninos en la bandas urbanas, Girlhood se centraba más en la amistad femenina como núcleo de esperanza, pero en Black nos llevan a un lugar sombrío para una joven, donde de forma explícita, o con juegos de cámara y música, son capaces de hacernos sentir en nuestras propias carnes los abusos que sufren.

Con la excusa de mostrarnos una historia de amor, los cineastas se preocupan en dejar patente un problema de identidad, algo que cada vez se está convirtiendo en uno de los mayores conflictos de la actualidad, con chicos y chicas que no se sienten parte de la sociedad que les vio nacer ni tampoco de la del país de sus padres, por lo que pertenecer a una banda les hace sentirse alguien, y para integrarse en las bandas deben hacer de todo, sin importar lo lejos de la ley que queden sus actos.

El reparto demuestra gran soltura frente a las cámaras, y una naturalidad en sus difíciles roles que sólo grandes actores o un casting llevado a cabo en la calle pueden conseguir.Los directores realizaron las pruebas pata la película en las calles de Bruselas, en busca de la pura autenticidad, lo que ha supuesto el impresionante debut de la joven Martha Canga Antonia como Mavela, y la gran interpretación de Aboubakr Bensaihi como Marwan. El amor entre ambos personajes queda patente desde el primer flechazo, y la química explosiva entre ambos hace creíble su romance, pero sus interpretaciones destacan aún más en las escenas duras de la película, que no son pocas, pues Black está repleta de secuencias explícitas de violencia y de sexo, algunas de ellas no aptas para estómagos sensibles, en un alarde de realismo sin concesiones. Black es capaz de mostrar sin miramientos temas como la violación y la sumisión sexual de las jóvenes, para que nos demos cuenta de los peligros adicionales que todas ellas corren en estos entornos. El resto del reparto está compuesto por muchos actores debutantes o casi debutantes, y todos ellos nos acercan en conjunto a todos esos jóvenes de barrios cuya existencia la mayoría desconoce. 

En relación a la fotografía, hacemos un tour por esa parte de Bruselas que menos se visita, todo ello cámara en mano, y aunque el trabajo de cámara de Robrecht Heyvaert cumple a la perfección sin destacar por encima de otras películas, el movimiento constante de la cámara nos permite notar aún más esa inquietud y energía que emana la adolescencia.

Otra referencia que nos viene a la mente visionando Black es West Side Story, no sólo por la historia en sí, sino también por la importancia de la música en esta historia callejera de amor, en la que muchos temas  nos llevan de la mano a esos barrios que la mayoría frecuentamos poco. Encabezada la banda sonora por el tema de Hannes De Maeyer, incluye muchos artistas de renombre en estos géneros como Bringhim, Gangthelabel, Oscar and the Wolf, La smala y Romano Daking, entre otros, siendo la música una interesante mezcla de tambores tribales con influencias del norte de África, el folk y el rap. 

Black, con un ritmo trepidante y un realismo descarnado, recuerda a películas de gángsteres épicas como Ciudad de Dios y Uno de los nuestros, pero no por ello deja de lado una gran sensibilidad que no dudan en mezclar con violencia explícita, mostrado todo por un joven reparto con un gran futuro, que hace en conjunto que la película no pase desapercibida y nos deje poso.

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