viernes, 5 de agosto de 2016

Crítica de 'Bella y perdida': Título y sinopsis al mismo tiempo

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Bella y perdida

Crítica de 'Bella y perdida': Título y sinopsis

El director italiano Pietro Marcello, destacado documentalista hasta la fecha, firma con Bella y perdida su primer largometraje de ficción en el que construye una fábula con tantas ideas y metáforas que hacen que sus buenas intenciones resulten en un film complejo de comprender pero enormemente fácil de disfrutar por su enorme belleza plástica y estética.

Al parecer, el propósito de Pietro Marcello es el de elaborar, a través de su película y de su explícito título, una metáfora de la propia Italia, bella como pocas naciones en el mundo y perdida en una suerte de decadencia simbolizada en el Palacio Real de Carditello, residencia borbónica durante el siglo XVIII, que abandonado a su suerte fue pasto de saqueadores hasta que el Estado italiano lo compró para su rehabilitación y uso. En este Palacio Real vivía Tomasso Cestrone, un pastor conocido como “el ángel de Carditello” que se dedicaba a cuidarlo de manera altruista para defenderlo de los ladrones.

Marcello se adentra en el terreno de la Commedia dell'Arte para recuperar a uno de sus personajes más característicos, el de polichinela, a partir del cual (y de su origen etrusco según el cual funcionaba como mensajero de los muertos a los vivos) construye al protagonista catalizador de la fábula, un sirviente de naturaleza semidivina que debe cumplir el último deseo del pastor Tomasso: conducir a una cría de búfalo macho a través de gran parte de Italia para salvarlo de una muerte segura. Al parecer, los búfalos machos son absolutamente inútiles a diferencia de las hembras cuya apreciadísima leche les convierte en animales muy cotizados.

Para contar su historia, el director (y coguionista junto a Maurizio Braucci), adopta un tono de cuento en el que ensaya varias fórmulas narrativas que incluyen el punto de vista del propio búfalo, tanto a través de un particular uso de la cámara subjetiva como a través de la bonita voz en off de Elio Germano con la que Sarchiapone (que así se llama el búfalo) se dirige al espectador con poéticas y profundas reflexiones: “Amar la vida es lo que importa. A pesar de todo estoy orgulloso de ser un búfalo en un mundo que niega el alma. Ser búfalo es un arte”.

La existencia (o no) del alma de los animales es sólo una de las ideas metafísicas que pueblan el complejo guion de una película en la que también se trata el excesivo intervencionismo de los seres humanos en el discurrir de la naturaleza, la citada decadencia de Italia y cierto discurso sobre la lucha de clases que, con pasajes documentales incluidos, no queda todo lo claro que Marcello pretende.

El reparto, deliberadamente amateur, cumple con el fin de una película cuyo discurso no recae tanto en las interpretaciones de los actores como en la puesta en escena, el montaje y la cobertura estética de la misma. El propio Tommaso Cestrone encarna al pastor Tommaso y es acompañado por Sergio Vitolo (Pulcinella) y Gesuino Pittalis (Gesuino) que se unen a la citada voz de Elio Germano.La fotografía, firmada por Salvatore Landi y el propio director del film, se recrea en la belleza del paisaje. En cuanto a la música, a pesar de que hay algunos temas originales de Marco Messina y Sacha Ricci, el peso de la banda sonora es sostenido por piezas clásicas de Cartellieri, Donizetti, Respighi y Guillaume Lekeu.

En conclusión, Bella y perdida puede ser perfectamente explicada en las dos palabras de su título, se trata de una película decidida e incuestionablemente bella pero argumentalmente perdida en vericuetos poéticos y metafísicos. Sus coqueteos con el surrealismo y cierto ensimismamiento estético elevan respectivamente la exigencia intelectual y el placer de su visionado.

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