martes, 5 de julio de 2016

Crítica de 'Money monster': Una cruda realidad demasiado cómica

Las críticas de Óscar M.: Money monster

Crítica de 'Money monster': Una cruda realidad demasiado cómica

La actriz Jodie Foster vuelve a las pantallas de los cines, en esta ocasión, con su cuarta película como directora, titulada Money monster (tras su paso por las series House of cards y Orange is the new black), donde cuenta la historia de un ciudadano corriente que acude a un programa de televisión portando un arma tras perder todos sus ahorros en una inversión bursátil para ajustar cuentas y reclamar responsabilidades.

El guión de Jamie Linden (responsable de la sensiblera Querido John), Alan DiFiore y Jim Kouf (a quien hay que culpar de los diálogos de la saga La búsqueda y creador de la serie Grimm) realiza un esfuerzo por transmitir una historia, en principio, humana para captar la atención del espectador, pero que abusa demasiado de los golpes cómicos como para conseguir una implicación final del público.

Teniendo este punto en cuenta, la mejor forma de visualizar Money monster es dejarse llevar por los personajes, aunque sean demasiado planos para el tema que se trata. Destaca Jack O'Connell (quien realmente se come la película y es el auténtico descubrimiento), por encima de George Clooney y Julia Roberts, cómodos y correctos (como es su estilo habitual), aunque poco implicados.

No se puede decir que la dirección de Foster sea incorrecta, pero sí plantea muchas deficiencias si, tanto ella como los tres guionistas, intentaban transmitir la sensación de que los acontecimientos sucedían en tiempo real, tal y como se prometía en las sinopsis promocionales.

Lamentablemente, la inmediatez y rapidez de los hechos se diluye con cada corte, con cada cambio de escena, con la nula justificación (y ausencia) de los tiempos muertos. Tampoco ayuda que haya otros personajes haciendo cosas en otros lugares (y a los que sólo se recurre en el momento oportuno), sacando la historia del plató de televisión y que no suceda nada en el lugar principal durante esos minutos.

Además, se emplea una jerga económica excesivamente complicada y que no está suficientemente explicada para un público no que no invierta en bolsa, constantes referencias al mercado de Wall street, una acumulación de nombres de empresas y personajes que se amontonan en el espectador, que acude a una resolución excesivamente coherente.

Por si fuera poco, hay personajes secundarios que se pierden (como el de la novia), o absolutamente innecesarios (como el negociador o el cámara, quien casi agradece tener trabajo al final), el montaje y la inclusión de la música incidental eliminan totalmente la cercanía de lo que sucede en pantalla. Todo esto son una serie de detalles que hacen recomendar a los guionistas que vean algún episodio de 24.

En cualquier caso, Money monster no es una mala película, tal vez es demasiado correcta y excesivamente académica, pero sí que se le puede reprochar que transmite una nula sensación de innovación (ni en trabajo de los actores, ni en el guión) y el resultado final se queda a medio camino entre la parodia y la denuncia de la impunidad con la que actúan ciertos miembros de la sociedad, apoyándose demasiado en la comedia, para una historia con un final tan poco cómico.

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