domingo, 24 de julio de 2016

Crítica de 'La leyenda de Tarzán': Un rey de los monos sin alma ni carisma

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
La leyenda de Tarzan

Crítica de 'La leyenda de Tarzán': Un rey de los monos sin alma ni carisma
 
En su desmedido afán de buscar historias nuevas y llevar al cine a personajes poco conocidos que nunca han cobrado vida en la gran pantalla, la maquinaria hollywoodiense ha optado por hacer una película de Tarzán. Se trata de un personaje de ficción nacido de la pluma del escritor norteamericano Edgar Rice Burroughs que en 1914 publicó la primera novela de una larga serie con el título “Tarzán de los monos”. En realidad, Tarzán es el sobrenombre de John Clayton, hijo de unos aristócratas ingleses que se quedó huérfano siendo aún un bebé en plena selva africana. Allí fue adoptado por una manada de simios con los que se crió, y de los que aprendió a sobrevivir en la selva desarrollando unas extraordinarias cualidades físicas y mentales que le permitían, respectivamente, saltar entre los árboles a través de lianas y comunicarse con los animales. 

¡Ah! Que les suena la historia… Entonces es que a lo mejor la historia de Tarzán ha sido llevada más de doscientas veces a la pantalla entre cine y televisión desde que en 1918 se hiciera la primera adaptación, Tarzan of the Apes (Scott Sidney, 1918), muda en ese caso, con Elmo Lincoln interpretando a Tarzán adulto y Gordon Griffith de niño.  Más célebres fueron las doce películas protagonizadas por el mítico Johnny Weissmüller entre 1932 y 1948. Siguieron, entre otras muchas, la olvidable Greystoke, la leyenda de Tarzán, el rey de los monos con un Christopher Lambert al que resultaba difícil distinguir de los gorilas o, la notable versión animada de Disney con canciones de Phil Collins

Sería de suponer entonces, que si más de cien años después de la aparición del personaje, con más de doscientas películas y numerosas adaptaciones al cómic y hasta al teatro, alguien decide hacer otra película de Tarzán, habría de ser para hacer la película definitiva o para por lo menos, aportar algo nuevo. 
 
De lo primero vayan olvidándose, ni es la película definitiva ni aunque lo fuera, iba la industria del cine a no volver a caer en la lucrativa tarea de repetir el personaje. En cuanto a lo segundo, es probable que lo hayan intentado, no he visto todas las películas de Tarzán como para saber qué hay de nuevo en esta La leyenda de Tarzán que nos ocupa. La estética del inicio, en el Londres de finales del siglo XIX nos presenta a un John Clayton vestido con levita al modo de los personajes románticos de los cuadros de Friedrich, más similar a Lord Byron que al hombre-mono. Allí, viviendo tranquilamente en la mansión de los Clayton, trata de rehuir el encargo de su serenísima majestad de regresar al Congo para resolver ciertos asuntos que tienen alterado al siniestro rey belga Leopoldo. A partir de aquí, flashbacks que nos cuentan la conocida historia alternados con las nuevas aventuras en su regreso a África. 

Esplendorosos paisajes fotografiados por Henry Braham, una convencional banda sonora de Rupert Gregson-Williams y espectaculares efectos visuales que a estas alturas de la historia del cine se dan por supuestos, completan la apuesta estética que dirige con mucho oficio el hombre que salvó del naufragio la saga Harry Potter dirigiendo las cuatro últimas películas, el británico David Yates de quien el próximo noviembre se estrena Animales fantásticos y dónde encontrarlos, su nueva película basada en la novela de J.K. Rowling ampliando el universo Harry Potter (me remito al primer párrafo de este escrito).

La dirección de Yates es efectista y pulcra desde el punto de vista técnico pero fría como un carámbano y en ningún momento imprime a la película el tono divertido o emocionante que la película requiere. Buena culpa de ello tiene también un reparto que resulta un verdadero fiasco. Alexander Skarsgård, de cuello para abajo presenta un físico más apto para estudiar la musculatura toracoabdominal y de la espalda que muchos manuales de anatomía que son referencia en las facultades de medicina. Hasta ahí. De cuello para arriba resulta más inexpresivo que cualquiera de los gorilas que salen en la película. No habría estado mal que los mismos animadores digitales que han dado vida a los animales de la película se hubieran puesto a trabajar con el rostro de cartón piedra de un actor que interpreta un Tarzán sin alma y sin carisma con el que resulta muy difícil empatizar. 

En cuanto a Margot Robbie, lo siento pero mi opinión es la misma que después de ver El lobo de Wall Street. No soy capaz de ver una actriz detrás de su bonito rostro y solo veo a una chica guapa que sale en películas y que en unos años caerá en el olvido. Como muchas otras, ojalá me equivoque. Christoph Waltz comienza a repetirse peligrosamente, ya hemos visto en otras películas (Tarantino mediante), todo el registro que emplea en La leyenda de Tarzán interpretado con más gracia y convicción; y Samuel L. Jackson, un actor que suele encantarme, fracasa estrepitosamente en su misión de convertirse en el compañero del héroe e incorporar el contrapunto cómico (o al menos divertido) a la película. No es solo culpa suya, le han escrito un guion sin gracia, pero él parece tan incómodo como Djimon Hounsou a punto de ser pasado a cuchillo. 

En conclusión, La leyenda de Tarzán no es más que un mero entretenimiento sin el carisma que cabría esperar de uno de los héroes de la infancia de muchas generaciones. Una película técnicamente irreprochable pero sin emoción ni diversión. No tengo ni idea de cómo habrán resistido el paso del tiempo las películas de Johnny Weissmüller pues no las he vuelto a ver desde que era niño, y tal vez sea mejor así, mantener el memorable recuerdo de las aventuras de un personaje admirable y querible.

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