jueves, 23 de junio de 2016

Crítica de 'Un hombre de altura': Comedia francesa en bote pequeño

Las críticas de Cristina Pamplona "CrisKittyCris": Un hombre de altura

Crítica de 'Un hombre de altura': Comedia francesa en bote pequeño.

La princesa sale a pasear al jardín. Allí, junto al estanque, encuentra una rana croándole una bella canción. La princesa, conmovida, besa al batracio y este se convierte en un atractivo, esbelto y fuerte príncipe. Se casan, viven felices y comen perdices. ¿Pero qué ocurre si el príncipe azul no es el modelo de Calvin Klein que los cuentos nos han vendidos? Pues que la historia se convierte en una comedia francesa. Este viernes se estrena en nuestro país Un hombre de altura, la última película del director galo Laurent Tirard, protagonizada por el oscarizado Jean Dujardin.

Tirard se une a Grégoire Vigneron, con quien ya ha colaborado en los guiones de El pequeño Nicolás y Asterix & Obelix: Al servicio de su majestad, para adaptar el guion original de Marcos Carnevale, Corazón de león. Así, Un hombre de altura guarda toda la esencia de su predecesora argentina, con unos diálogos algo cambiados. El resultado es una simpática comedia romántica, más encantadora que original, con más sonrisa que carcajada.

Diane es una abogada que, tras una pelea con su exmarido y socio, olvida su móvil en un bar. Esa misma noche un hombre la llama para informarle de que tiene su teléfono y la convence de que se vean para comer. Alexandre resulta ser un arquitecto de éxito, encantador, divertido, guapo y de una personalidad arrolladora, solo hay un problema: mide un metro treinta y cuatro centímetros.

Un hombre de altura sigue al dedillo el esquema de la comedia romántica clásica. El encuentro entre un hombre y una mujer, la sorpresa, el acercamiento, la intimidad y por último el enamoramiento. A continuación, una barrera les impide estar juntos, pero finalmente lucharán contra cualquier impedimento para poder ser felices. ¿Cuál es su principal atractivo entonces? La respuesta es Jean Dujardin. Un hombre puede medir veinte centímetros si los llena con el encanto y atractivo de este actor francés que consiguió que Hollywood se rindiese a sus pies tras su papel en The Artist. En Un hombre de altura, Dujardin resulta no solo arrebatadoramente atractivo, sino que hace de Alexander un personaje fuerte y (casi siempre) ajeno a las miradas impertinentes. Como dice su hijo Benji, a quien interpreta el guapísimo César Domboy (El desafío, La princesa de Montpensier) “Cuando te miro, veo dignidad”. Porque eso es uno de los temas que aborda Un hombre de altura; el daño que pueden ocasionar las miradas y juicios ajenos.

No nos engañemos, en una comedia romántica tan al uso como esta, las lecturas profundas resultan inútiles. El pequeño juego de atracción y repulsión al que se enfrenta Diane es tan superficial y está tan mal desarrollado (apenas dos segundos cuando mira en el espejo el pequeño cuerpo de su pareja antes de que terminen en la cama) que la crisis de la pareja resulta artificial y forzada, pero se perdona porque todos queremos que el chico guapo, aunque enano, termine con la rubia despampanante y sean muy felices. Eso es lo que tienen los cuentos y las comedias románticas; si entras por el aro perdonarás todas sus faltas. Un hombre de altura tiene muchas, pero aquellas que no salva su protagonista, son obviadas con esa sonrisa idiota de aquellos que seguimos enamorados de un género que no parece saber dar más de sí.

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