martes, 21 de junio de 2016

Crítica de '7 diosas': ¡Yo soy Espartaco!

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
7 diosas


Imaginemos una película made in Hollywood, divertida y emotiva a partes iguales, sobre siete mujeres de rompe y rasga que se revelan contra la situación que les ha tocado vivir, ya sea en el plano afectivo, sexual, creativo, social o profesional. Imaginemos esa película interpretada por siete estrellas del cine americano, siete actrices jóvenes, guapas y talentosas, pongamos… Scarlett Johansson, Jessica Chastain, Jennifer Lawrence, Charlize Theron… no sé, completen ustedes con otras tres al gusto de cada uno. Imaginemos, para ir terminando, que detrás de esa película está una productora de las grandes, que diseña una potente campaña publicitaria y aprovecha todos los canales de distribución para vender la película como solo el cine americano sabe y puede hacerlo. Estaríamos sin duda ante una de esas películas revienta-taquillas (blockbusters se empeñan en llamarlas) que haría las delicias del público, especialmente (pero no solo) femenino. 

Bien. Tenemos esa misma película divertida y emotiva, interpretada por siete actrices jóvenes, guapas y talentosas. Pero es una producción india. Los nombres del director y las actrices no les van a sonar de nada a la mayoría de los espectadores, se estrenará en no demasiadas salas y habrá capitales de provincia a las que ni llegue. No será un gran éxito de taquilla y solo el “boca a oreja” hará que permanezca varias semanas en la cartelera de al menos las grandes ciudades de nuestro país. 

Y es una lástima. Una verdadera lástima porque 7 diosas es una película que merece la pena. Su carácter, a medio camino entre la comedia liberadora y el drama social, entre el tono gamberro y la realización complaciente, resulta en un film más que notable que, sin renunciar a ciertos clichés del cine más tradicional indio, adopta formas y maneras del mejor cine americano independiente. 

El film arranca con una vibrante presentación de los personajes mediante una eficaz puesta en escena y un uso ágil del montaje. El plano se traslada con ritmo vertiginoso desde Joanna (Amrit Maghera) una actriz de ascendencia india pero nacimiento y marcado acento británico hasta Mad (Anushka Manchanda) cantante en horas bajas; pasando por la ejecutiva agresiva Suranjana (Sandhya Mridul), la frustrada ama de casa Pam (Pavleen Gujral) y la fotógrafa con ambiciones artísticas Frieda (Sarah-Jane Dias) cuya boda sirve como pretexto para reunir a sus amigas (faltan otros dos personajes por aparecer) en una casa junto a la paradisiaca playa de Goa. 

Una vez allí, los conflictos de cada una de estas diosas indias enfadadas (Angry Indian Goddesses es el título original de la película) se irán entrelazando y superponiendo para matizar el tono ligero y vitalista de la primera media hora del film con un poso de profundidad sobre la existencia de la mujer en un país como la India, donde las violaciones han llegado a convertirse en un enorme drama nacional y son cometidas con la impunidad otorgada por jueces que, en pleno siglo XXI, culpan a mujeres de ser violadas por llevar una vestimenta indecente. 

Sin adoptar de forma marcada el rol de “película-denuncia”, 7 diosas ejerce una sutil crítica al patriarcado de un país que vive todavía (al menos en una importante parte del mismo) anclado a un sistema de castas antediluviano y a una religión, la hindú, que considera a la mujer como un ser inferior al hombre. En este sentido, 7 diosas emparenta fílmicamente con Mustang (Deniz Gamze Ergüven, 2015), otra película muy reciente, en la que cinco hermanas huérfanas en Turquía sufrían acusaciones de inmoralidad y se veían sometidas a un patriarcado que las conducía al matrimonio (concertado, indeseado) como única salida vital posible. 

Los personajes de 7 diosas están perfectamente definidos en el guion y a pesar de cierta intención de que sea una película coral, el protagonismo se desplaza a lo largo del film desde Frieda, aglutinadora inicial del film, hasta Joanna, que se convertirá en el personaje clave al funcionar como centro sobre el cual gravitan varios de los problemas de las demás mujeres. Las interpretaciones de todas ellas funcionan perfectamente como un todo armónico aunque Amrit Maghera (Joanna) resulta especialmente brillante. Los personajes masculinos (los pocos que hay) están desdibujados, pero es muy de agradecer que el guion no caiga en el recurso facilón de convertir a todos los hombres de la humanidad en malos (cosa que hacen otras películas pretendidamente de denuncia) y algunos personajes como el novio de Mad o el vecino lavacoches resultan entrañables. 

El director, Pan Nalin, lleva el film con un ritmo vertiginoso, especialmente durante el primer tercio de película, y a pesar de que se deja llevar por ciertos recursos complacientes (videoclip incluido) y un montaje bastante artificioso, consigue que el espectador conecte con los personajes y se mantenga  interesado durante todo el metraje. Muchos espectadores además de interesarse, se emocionaran con las aventuras de estas siete mujeres indias enfadadas hasta el clímax final al puro estilo Espartaco

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