miércoles, 11 de mayo de 2016

Crítica de 'Corazón gigante (Fúsi)': Notable "dramedia" islandesa de Dagur Kári

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Corazón gigante (Fúsi)


Llega por fin a las pantallas españolas la película islandesa Fúsi, que aquí se ha dado en titular Corazón gigante. Se trata del cuarto largometraje del director islandés (aunque nacido en París y formado en Dinamarca) Dagur Kári. Su primer film, Noi el Albino (2003) fue galardonado con múltiples premios internacionales, posteriormente siguieron Dark Horse (2005) y The Good Heart (2009), la única de sus películas que hasta la fecha ha sido estrenada y comercializada en DVD en España.

La película fue presentada en la sección oficial de la pasada edición de la SEMINCI de Valladolid donde tuvo una excepcional acogida por parte de crítica y público además de ser finalmente galardonada por el jurado con el premio al mejor actor para su protagonista Gunnar Jónsson. El caso es que Corazón gigante es una de esas películas de difícil catalogación genérica, pues ni es una comedia al uso ni un drama puro. En mi opinión, se trata de un drama con tintes cómicos. Da igual. Sea una comedia con tono dramático o un drama salpicado de comicidad, Corazón gigante es una película redonda donde guion e intérpretes funcionan maravillosamente para cumplir las funciones de conmover y divertir al espectador. 

En la rueda de prensa que siguió a su proyección en la SEMINCI, pude comprobar que el propio Dagur Kári, director del film no estaba muy seguro de cómo catalogar su película. Sin embargo confesó que tenía muy claro desde el principio qué actor quería que interpretara el papel protagonista y que escribió el papel pensando única y exclusivamente en  Gunnar Jónsson para interpretarlo y, que de no haber aceptado, no habría realizado la película. 

No es un tema nuevo en el cine que las personas con una apariencia física peculiar tengan problemas para relacionarse con los demás y tiendan a encerrarse en sí mismas. Este es el caso de Fúsi, un hombre de un inmenso tamaño fruto de una considerable altura y de una obesidad, digamos mórbida, a la que acompaña de cierto síndrome de Peter Pan. Con los cuarenta ya cumplidos sigue viviendo en casa de su madre y su tiempo libre lo emplea en jugar con coches teledirigidos y juegos de rol sobre la Segunda Guerra Mundial con el único amigo que tiene. 

Con este aspecto físico y estas aficiones, no es de extrañar que a pesar de su edad no se le haya conocido novia alguna y sea objeto de (cruel) burla de sus estúpidos compañeros de trabajo en la cinta transportadora de maletas de un aeropuerto. Es entonces cuando tras una atinada presentación de personajes, el director Dagur Kári introduce el “chico conoce chica” a través de Sjöfn, otro alma solitaria interpretada por Ilmur Kristjánsdóttir y juntos tratarán de dar alivio a la devastadora soledad en la que viven sus días. 

Este es sin duda el tema central del film, la soledad, pero no tanto una soledad entendida desde un punto de vista físico, ni Fúsi ni Sjöfn están completamente solos, si no como un aislamiento emocional que lleva ya mucho tiempo larvado en el interior de cada uno. Ni Fúsi ni Sjöfn saben comunicarse, en el caso del primero porque no ha aprendido a hacerlo y en el de ella porque probablemente lo haya olvidado. 

Dagur Kári, que es también el autor del guion, acierta plenamente con la construcción del personaje de Fúsi, un hombre, perfectamente interpretado por Gunnar Jónsson, con una humanidad tan inmensa como su físico que a su edad descubre que se está perdiendo algo más que el amor o el sexo. Alrededor de este personaje gravita todo el resto del film, su desabrida madre con su hortera novio, su amigo Mörður (Sigurjón Kjartansson), una pequeña vecina de ocho años con la que aprenderá a jugar con las Barbies y la propia Sjöfn, de la cual no sabemos tanto como de Fúsi (su personaje no está tan bien definido en el guion) pero sí lo suficiente como para saber que además de sola, está herida. No sabemos quién, ni cómo ni cuándo pero es incuestionable que alguien, en algún momento le hizo mucho daño. 

La fotografía de Rasmus Videbæk resalta el frío islandés y contribuye a crear un ambiente gélido y un tanto inhóspito en el que Fúsi alimenta su soledad e introversión. El tono de la película es triste, de ahí que a mí, como decía al principio, me parezca más un drama, pero está salpicado de momentos divertidos y de un tinte amable que convierte su visionado en recomendable incluso para público no acostumbrado al “cine de autor” puro y duro.

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1 comentarios:

Juan Rodríguez Paredes dijo...

Película altamente recomendable que nos acerca a un tipo de cine alejado del moderno cine negro y policiaco tan de moda, que bien en forma de películas y/o series de televisión nos llega de los países escandinavos. Los actores son francamente creíbles en sus papeles y en el caso del protagonista masculino llega a ser memorable por su humanidad (física y emocional). Critica muy precisa y acertada, como siempre.

 
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