jueves, 14 de abril de 2016

Crítica de 'Reina Cristina': Brillante drama histórico de la mano de Mika Kaurismäki

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Reina Cristina

60 SEMINCI. Sección Oficial. Crítica de 'Reina Cristina': Brillante drama histórico de la mano de Mika Kaurismäki

Se estrena en España, tras su paso hace unos meses por la sexagésima edición de la SEMINCI de Valladolid, la última película del veterano realizador finlandés Mika Kaurismäki que lleva a la pantalla la vida de la reina Cristina de Suecia, desde su subida al trono con seis años en 1632, tras la muerte de su padre en la Guerra de los Treinta Años, hasta su abdicación en 1654.

Supongo que habrá más películas sobre la vida de esta reina, pero yo sólo conozco la que en 1933 dirigió Rouben Mamoulian con "la divina" Greta Garbo como protagonista y que en España se estrenó con el elocuente título La Reina Cristina de Suecia. Los 83 años transcurridos entre ambas películas dan para mucho y la concepción del personaje es totalmente distinta por mucho que se quieran encontrar similitudes. Mientras la película de Mamoulian únicamente masculinizaba a la reina como un ardid para salir de palacio saltándose el protocolo, en la película de Kaurismäki se aborda sin ningún complejo la sexualidad de la reina y su pasión por su dama de compañía, la duquesa Ebba Sparre.

Reina Cristina (The girl king) está protagonizada por la joven actriz sueca Malin Buska que construye un personaje totalmente alejado del referente Garbo y dota a su Cristina de un logrado equilibrio entre la fortaleza de carácter con la que reinaba en público y la vulnerabilidad emocional con la que en privado sufría sus carencias afectivas. La duquesa Ebba Sparre, sin embargo, resulta un personaje más plano a la que la actriz Sarah Gadon aporta poco más que su incuestionable belleza.

El guión de Michel Marc Bouchard hace hincapié en la férrea formación luterana que recibe desde niña, cuando tras la muerte del rey y la inestabilidad mental de su madre Maria Eleonora (Martina Gedeck) queda bajo la tutela del canciller Axel Von Oxenstierna (Michael Nyqvist) que la la aleja de la típica educación que cabe esperar para una princesa y marca un camino mucho más propio para un hombre. Su condición femenina sólo es tenida en cuenta en el pertinaz empeño en encontrarle un esposo con el que dar un heredero a la corona sueca. 

Además de la citada condición sexual de la reina, Bouchard desde el guion y Kaurismäki desde la dirección han querido remarcar la modernidad de una reina que trató por todos los medios de buscar la paz y durante muchos años permaneció al margen de las disputas religiosas entre protestantes y católicos que tuvieron en guerra a Europa durante gran parte del siglo XVII. Esto y su interés por elevar el tono intelectual de la corte, invitación a René Descartes (Patrick Bauchau) incluida, convierten a Reina Cristina en algo más que un biopic. El film admite también el visionado como un acercamiento al pensamiento filosófico y moral que imperaba en Europa en el XVII.

La película es una coproducción entre Finlandia, Suecia, Canadá y Alemania. Esta circunstancia y el hecho de que el reparto proceda de muy diversas nacionalidades ha llevado a la decisión de que la película sea filmada en inglés como lengua principal con el francés en algunas ocasiones. Esto es cuando menos discutible porque el idioma de la corte en aquella época era el francés y cuando no se hablara en esta lengua se haría indudablemente en sueco. 

Al margen de esta consideración, la producción es brillante con una dirección artística y un vestuario acorde a lo que una película de estas características requiere, una magnífica fotografía de Guy Dufaux, y lo que probablemente constituya la mayor virtud de la película: una firme y acertada dirección de Mika Kaurismäki.

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