viernes, 29 de abril de 2016

Crítica de 'Mañana (Demain)': Las piezas del puzzle para un futuro mejor

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Mañana (Demain)


He de admitir que siento cierta prevención ante los documentales que pretenden aleccionarme como ciudadano, y más aún cuando para hacerlo adoptan un tono catastrofista y apocalíptico con el que tratar de imbuir un sentimiento de culpabilidad generalizado como si todos fuéramos responsables en igual medida de los males que aquejan al mundo. No es que quiera exculparme de toda responsabilidad, asumo que como individuos, todos estamos haciendo muchas cosas mal y todos podemos ejercer acciones individuales que contribuyan a que “esto llamado mundo” funcione mejor, pero me niego a asumir la misma responsabilidad que el dueño de una corporación petrolífera y me irrito cuando oigo consignas que reparten las culpas a partes iguales. 

En este sentido, resulta reconfortante comprobar que hay otra forma de abordar el tema, y el largometraje francés Mañana (Demain), recientemente premiado con el César al mejor documental, abandona el tono catastrofista a los diez minutos, tras una adecuada introducción al tema, para dedicarse durante el resto del metraje a aportar soluciones y a mostrar ejemplos de cómo pequeñas comunidades han comenzado ya a implementar cambios en la manera de tratar los “grandes problemas” de la humanidad desde “lo pequeño” de su existencia. 

La citada (apocalíptica) introducción expone el artículo publicado en la prestigiosa revista científica Nature por la bióloga Liz Hadly y el paleontólogo Tony Barnosky en el que detallan todos los problemas derivados del calentamiento global, el consiguiente cambio climático y los efectos que la superpoblación de la tierra tendrán en la humanidad durante las próximas décadas. Dicho artículo y el libro “End Game: Tipping Point for Planet Earth?” (Fin del juego : punto de inflexión para el Planeta Tierra?) coescrito por ambos, sirvió como punto de partida para que la actriz francesa Melanie Laurent (conocida internacionalmente gracias a Malditos Bastardos) y el escritor Cyril Dion reunieran a un grupo de amigos vinculados con el mundo del cine para viajar a muchos lugares diferentes de la tierra y realizar un documental sobre las innovadoras iniciativas que se están llevando a cabo en relación a nuevas formas de agricultura, empleo de energías renovables o el tratamiento de residuos entre otros muchos aspectos. 

El objetivo, en palabras de Melanie Laurent (que con su voz en off ejerce de narradora durante gran parte del documental) era “buscar a hombres y mujeres que ofrezcan alternativas creativas, juntarlas como piezas nuevas de un viejo puzzle para crear una nueva historia que pueda inspirar a la gente para crear un mundo distinto”.

Ejemplar en su estructura y realización, el documental Mañana está dividido en cinco capítulos que siguen a la introducción, titulados sucesivamente: agricultura, energía, economía, democracia y educación. Mañana adopta un tono pedagógico y visualmente muy didáctico que surge de un guion particularmente bien escrito y, que a su buen ritmo y al virtuosismo de su montaje, une una acertada selección de canciones que hacen mucho más digerible la información ofrecida. 

Resulta también agradecible y un claro indicador del rigor puesto en su realización que cada aspecto sea tratado por expertos en la materia y contrastado con la visión que tienen los ciudadanos de a pie que llevan a cabo las iniciativas. 

Entre la variedad de lugares visitados, resulta especialmente paradigmático el caso de Detroit, la otrora floreciente capital mundial de la industria automovilística, cuyo colapso hizo decrecer la población de dos millones de habitantes a setecientos mil. La falta de empleo y recursos ha hecho florecer una serie de llamativas granjas urbanas en plena ciudad que abastecen de alimentos naturales a sus habitantes. Caso similar al de los jardines de propaganda en la británica localidad de Todmorden y su iniciativa Incredible Edible para proporcionar alimentos locales a la población como oposición a la agricultura industrial; o la permacultura a través de la cual pequeñas granjas presentan una enorme productividad gracias a una eficiente utilización del espacio y una inteligente combinación de cultivos. 

También resulta muy interesante el capítulo de la energía, que hace hincapié no solo en la imperiosa necesidad de apostar por fuentes de energía renovables y hacernos menos dependientes de los combustibles fósiles, si no, y aquí es donde podemos hacer mucho como ciudadanos, disminuir notablemente el consumo mediante acciones individuales o de pequeñas colectividades. Probablemente sea el capítulo de la economía (el tercero) el que más boquiabierto pueda dejar al espectador poco informado (como era mi caso) con los ilustrativos ejemplos de cómo crear microeconomías locales con el divertido momento en el que el empresario local Rob Hopkins explica la incertidumbre que sintieron cuando decidieron imprimir billetes de 21 libras para que circulasen localmente en la localidad británica de Totnes. 

No puede decirse que los cinco capítulos sean igual de contundentes, quizá el objetivo fuera demasiado ambicioso y los dos últimos capítulos debieron ser dejados para una segunda parte, pues especialmente el relativo a la educación queda un poquito cojo al ser despachado en poco más de diez minutos. Resulta demasiado complicado apuntalar la crisis de la democracia y el análisis se queda corto con la exposición del caso islandés en el que el pueblo hizo caer al gobierno y se dotó de una nueva constitución realizada por los ciudadanos. El historiador David Van Reybrouck apunta que el futuro de la democracia está en las nuevas formas de representación popular, pero no queda claro como esas nuevas formas puedan llevarse a cabo de una manera segura y exportable. Lo mismo ocurre con el capítulo dedicado a la educación que se centra en Finlandia donde los resultados académicos son siempre punteros en el informe Pisa. Pero no deja de ser la mera exposición del caso de un colegio concreto en un barrio obrero de Helsinki. Es evidente que la educación de nuestros hijos está fallando, pero me parece un tema demasiado sensible como para poner en práctica cualquier experimento por mucho que parezca funcionar en un país determinado. Se apuntan, eso sí, algunas ideas cruciales como que se desarrollen diferentes técnicas de enseñar o que los profesores estén extraordinariamente formados.

En cualquier caso, estamos ante un documental interesantísimo que como he dicho, goza de una realización sobresaliente y resulta enormemente entretenido de ver. Ojalá sirva para abrir los ojos a los escépticos que todavía desconfían de la evidencia del cambio climático y se niegan a aceptar que si no se producen cambios a gran y a pequeña escala, estamos abocados a un futuro incierto. Y de eso precisamente trata Mañana, de cómo tener un mejor mañana.

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1 comentarios:

Willie C. dijo...

Me ha gustado bastante la verdad, y eso que me la habían recomendado.

 
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