sábado, 9 de abril de 2016

Crítica de 'Julieta': El Almodóvar más clásico

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Julieta


De todas las aflicciones humanas, la culpa, es sin duda una de las que más dolor causa cuando nos atormenta el alma. Si es arrojada sobre nosotros por los demás, la reacción natural e inmediata es la de repelerla con el airado afán de hacerla recaer en cualquier otro o, por lo menos, compartirla con alguien más. Pero, ¡ay!, cuando la culpa no procede de fuera sino que nace de un sentimiento interior, su tremenda fuerza devastadora es capaz de reducir al más pintado a un despojo humano atormentado por fundados o infundados remordimientos. 

Esta sutil (solo aparentemente) diferencia entre la culpa y el sentimiento de culpa ocupa la mayor parte del trasfondo guardado tras el argumento de Julieta. Pero no es el único tema presente en la última película de Pedro Almodóvar; una lúcida reflexión acerca de la pérdida como motor de cambio vital, la fragilidad de los vínculos afectivos que sin razón alguna se evaporan, la maternidad como fuente inagotable de sentimientos y la exploración de las dos grandes formas de soledad, la deseada y la obligada, componen el discurso de un film sólido cinematográficamente pero menos emotivo y personal de lo que cabría esperar de un director que, como pocos, deja siempre su sello personal en sus películas. 

Si viéramos Julieta sin conocer el nombre de su director, es incuestionable que reconoceríamos su huella en varios momentos, pero también es cierto que se trata del menos almodovariano de los films de Almodóvar, lo cual, a priori, no es necesariamente ni bueno ni malo. El tempo en Julieta es mucho más reposado que en, pongamos, Todo sobre mi madre o Volver, pasan menos cosas y ocurren más despacio, Almodóvar se permite como nunca, tiempo para pausar el relato, un relato que por tercera vez en su carrera (corríjanme si me equivoco) no sale directamente de su pluma, si no de la adaptación de un material ajeno. Los cuentos “Destino”, “Pronto” y “Silencio” presentes en el volumen “Escapada” de la Premio Nobel Alice Munro, sirven como origen de un guion narrado a lo largo de treinta años para el cual desdobla el personaje principal, Julieta, en dos actrices diferentes: la titubeante y desigual Adriana Ugarte y la excepcional Emma Suárez

Julieta supone, por tanto, un nuevo paso en su cine (tras el olvidable fiasco de Los amantes pasajeros) que del melodrama (el género que sin duda le ha generado la gloria de sus mejores títulos) avanza hacia el drama más descarnado, desprovisto de aspavientos y con menos planos efectistas (aunque la esteticista carrera del ciervo junto al tren me desmienta) que sus, digamos, obras mayores. No hay en Julieta licencias para la anécdota más allá de algún cameo que hasta podría pasar desapercibido. Hasta la habitual aparición de Agustín Almodóvar está bien engarzada en la trama y no parece un inserto publicitario como algunas veces. 

Adriana Ugarte, la Julieta joven, realiza, como apunté un par de párrafos más arriba, una interpretación desigual, a ella le corresponde el difícil trance de interpretar los momentos más dramáticos, los que cambian la existencia de una despreocupada profesora de lenguas clásicas en una deprimida mujer atormentada por el pasado y la culpa. Y aunque Ugarte sale airosa del envite, no he podido evitar preguntarme si Inma Cuesta o Michelle Jenner, fantásticas en papeles de menos peso, no habrían encarnado mejor al papel protagonista en su juventud. Emma Suárez está sometida a menos cambios emocionales, pero su magnetismo frente a la cámara es mucho mayor y compone una excepcional protagonista con la que incrementar la larga lista de “chicas Almodóvar”. La transición entre ambas actrices está resuelta con la aparente sencillez que sólo podría ocurrírsele a un excelente guionista y realizada con la maestría que solo está al alcance de un gran director. El tiempo que transcurre desde Julieta Ugarte en la bañera hasta Julieta Suárez pintando la casa es cine con mayúsculas. 

En cuanto a la parte masculina, a Darío Grandinetti le sobra mucha talla interpretativa para el pequeño papel que le corresponde y Daniel Grao está francamente bien como Xoan, el joven pescador gallego que cautivará a Julieta en una inolvidable secuencia en un tren de los de antes, donde realidad y ensoñación coquetean hasta fundirse en el reflejo de la ventanilla del vagón. 

El resto de personajes son interpretados por fantásticos actores entre los que resulta especialmente agradecible la presencia de Joaquín Notario, uno de los grandes del teatro español, que se prodiga (o al que prodigan) poco en el cine. Notario es el padre de Julieta, un agricultor aragonés cuya vida oscila entre el sufrimiento de su enferma mujer (Susi Sánchez) y el renacer a la vida que se le presenta en forma de una joven marroquí (Mariam Bachir). Capítulo aparte merece una sensacional Rossy de Palma como la doncella de la casa de Xoan en Galicia, una de esas mujeres que vale más por lo que calla que por lo que dice y con el que una de las actrices más almodovarianas que existen compone un enigmático e inquietante personaje. 

Impecable como siempre en la producción, Almodóvar condimenta su película con el exquisito buen gusto que suele guiarle, el acierto en las localizaciones es absoluto, desde las espectaculares vistas de la casa en Galicia frente al mar hasta el pueblo del pirineo aragonés donde viven los padres de Julieta, pasando por un Madrid acentuadamente céntrico y acomodado que sirve como contraste entre la España rural y la urbana que tantas veces ha tratado en sus películas el director de Calzada de Calatrava. La partitura de Alberto Iglesias es sencillamente maravillosa y la fotografía de Jean-Claude Larrieu remata una estética en el que la luz está siempre tamizada por un halo de melancolía. 

Pocos cineastas despiertan opiniones tan extremas como Pedro Almodóvar, su indiscutible personalidad suele generar la suficiente controversia como para que sus admiradores y detractores adopten posturas, a menudo demasiado forzadas, que derrochan con tanta facilidad elogios superlativos como desmedidas descalificaciones. A mí no me interesa el ruido alrededor de Almodóvar, me interesa (y mucho) su cine y siempre me he encontrado mucho más próximo a sus admiradores que a sus detractores entre los cuales, con mucha frecuencia, me tropiezo con personajes que no han visto ninguna de sus películas. 

Encuentro en Julieta los suficientes méritos como para volverla a ver de forma reposada. Me interesa la historia que me cuenta, me conmuevo en ocasiones con el dolor de Julieta y disfruto del placer estético de una película muy bien filmada, pero no acabo de emocionarme a pesar del poderoso tramo final, y me pregunto con cierto desconsuelo qué habría ocurrido si Almodóvar no hubiera puesto el freno de mano, si no hubiera quitado el prefijo melo al drama, si no hubiera prohibido llorar a sus actrices. Pregunta que quedará sin respuesta.

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4 comentarios:

RafaOnFire dijo...

Me alegro de la vuelta de Almodóvar, depués de La piel que habito y Los amantes pasajeros necesita una película excelente. Espero que pueda competir en el Festival de Cannes.

José F. Pérez Pertejo dijo...

Pues Julieta no es excelente, pero está más cerca de sus mejores obras que de las peores. A ver si hay suerte con Cannes, este jueves se hará pública la sección oficial, de momento lo único seguro es que la inauguración será la nueva película de Woody Allen "Cafe Society". El problema que puede tener Almodóvar es que la película ya ha sido estrenada y en Cannes no gusta demasiado que las películas a competición no sean estrenos absolutos.

Isaac Bravo dijo...

Volver y Todo sobre mi madre compitieron en Cannes cuando ya habían sido estrenadas en España y ambas figuraron en el palmarés. Espero que los franceses salven a "Julieta" de la devacle económica a la que va a ser condenada y pueda hacer carrera internacional

Isaac Bravo dijo...

Debacle con B. Malditas v y b que están juntas en el teclado. Perdón!!!

 
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