viernes, 12 de febrero de 2016

Crítica de 'La verdad duele (Concussion)': Cine de fórmula a mayor gloria de Will Smith

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
La verdad duele (Concussion)


En El Dilema (Michael Mann, 1999), Russell Crowe daba vida a Jeffrey Wigand, un antiguo bioquímico de la tabacalera Brown & Williamson que descubre como las empresas tabacaleras son conscientes de que emplean sustancias que provocan gran adicción en los fumadores y ocultan a sabiendas dicha información. Aunque Jeffrey Wigand es un confidente anónimo, hace público el escándalo a través de un productor televisivo interpretado por Al Pacino que arriesga su carrera a pesar de las amenazantes presiones de la industria del tabaco.

En Erin Brockovick (Steven Soderbergh, 2000), Julia Roberts interpretaba a una joven madre soltera que desde su modesto puesto en un despacho de abogados emprende una denodada lucha por investigar y denunciar la contaminación del agua por parte de unas fábricas que ha llevado a que una serie de personas que viven en las inmediaciones de las mismas desarrollen una extraña y poco frecuente enfermedad.

Podríamos seguir con más ejemplos de cómo el cine estadounidense ha manifestado su predilección por este tipo de historias que tienen como protagonista al individuo frente al sistema y arriesgando reputación, familia, trabajo e incluso su vida, ponen por delante un ideal de valiente denuncia para sacar a la luz un daño masivo a la sociedad y salvaguardar el bien común.

Pues esta es la línea que el director Peter Landesman ha querido seguir en La verdad duele (Concussion es su título original) contando la historia del Dr. Bennet Omalu (Will Smith), un anatomopatólogo forense nigeriano especializado en neuropatología (y cuyo currículo completo ocuparía varios párrafos de esta crítica) que descubrió la Encefalopatía Traumática Crónica (ETC), un síndrome post conmoción cerebral que afectó a numerosos jugadores de fútbol americano provocando en ellos enfermedades psiquiátricas y suicidios años después de su retirada. El descubrimiento de este síndrome puso en jaque a la NFL (liga profesional de fútbol americano) conocedora de este hecho, que vio cómo su reputación y especialmente sus ingresos podrían ponerse en peligro en caso de dar credibilidad y publicidad a la relación entre dicho síndrome y su lucrativo deporte.

El planteamiento podría ser prometedor: otra película basada en hechos reales que denuncie una situación de engaño o de ocultación de información llevada a cabo por un héroe en principio anónimo. Lo que ocurre es que La verdad duele tiene varios problemas durante su ejecución. El primero es que Peter Landesman no es Michael Mann ni Steven Soderbergh por poner solo a los dos ejemplos citados. Ni tiene el pulso narrativo del primero ni el talento formal del segundo. Landesman filma una película convencional siguiendo todos los clichés del cine de fórmula hollywoodiense encaminado a ser complaciente con el mayor número posible de espectadores, obtener éxito de taquilla y premios de interpretación para el protagonista. Y aquí es donde está el segundo gran problema de la película, el proyecto es desde el principio un vehículo concebido para el lucimiento de Will Smith poniendo la narración y todo el aparato fílmico al servicio de una interpretación calculada al detalle para obtener la nominación al Óscar. Y se nota. Y se nota mucho. Y no le han nominado. Y se ha cabreado. Y se siente marginado por motivos raciales. Y ahora no va a la ceremonia de los Óscar. Pues como decían las abuelas de antaño: ahora tienes dos trabajos: enfadarte y desenfadarte.

¿Significa esto que Will Smith esté mal? No. No está mal. Pero tampoco hace el tipo de interpretación arrebatadora que hizo en Ali (¡caramba! otra vez Michael Mann, 2001) ni está tan incuestionablemente conmovedor como en En busca de la felicidad (Gabriele Muccino, 2006). Aquí le falta naturalidad, le sobran clichés y está desamparado ante un guion pobretón y un director mediocre.

El resto del reparto, con algunos nombres de campanillas, se limita a cumplir, empezando por la prometedora Gugu Mbatha-Raw (Belle de Amma Asante, 2013) que es confinada a ser la chica de la peli. También tenemos a Alec Baldwin (que definitivamente tiene mejor suerte con sus papeles cómicos que con los dramáticos), Albert Brooks (pasadísimo de maquillaje y/o prótesis) y las breves (y agradecibles) apariciones de Eddie Marsan y Stephen Moyer.

La verdad duele no puede considerarse una película de deportes ni una película médica ni un thriller ni una historia de amor aunque de todo ello haya en convenientes dosis en el guion escrito por el propio Landesman basándose en un artículo de Jeanne Marie Laskas  publicado en la revista GC en 2009. Y con un guion de fórmula, y una realización de fórmula no podemos esperar otra cosa que no sean subrayados continuos con la música, con el montaje y con frases ampulosas de esas que terminan convirtiéndose en mantras para llenar presentaciones de power point que inunden los correos electrónicos o las redes sociales.

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1 comentarios:

Alba Gonzalez dijo...

Esta película es un quiero y no puedo.
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